De vez en cuando repiquetea el plomo cerca, y piensas para tus adentros: «Esa anduvo cerca». La vida sigue disparando y yo hoy, mejor dormido pero igual de cansado por dentro, sigo aguantando el tirón.
Pese a los hipócritas y mierdecillas, doy un paso más todos los días. Cansado hasta el tuétano de mis huesos, con la certeza de que se me acabará la cuerda un día de estos y no he visto ni la quinta parte de lo que ansío, no he vivido mil y una cosas, mil y un cuerpos.
Sigo disparando mientras cada día entierro un sueño más. Y, qué sorpresa, nunca se acaban: ni los disparos ni los muertos.