Más perdido todavía

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Me gustaría escribir(te) un poema, pero aún no puedo, al menos por aquí. Sigo en medio de una terrible tormenta, entre la cabeza, el corazón y este cuerpo cosido a balazos que se levanta todos los días y empuña el fusil, o la espada. Que lo empuña porque sabe que no hacerla significa rendirse, y algo dentro de él, dentro de mí, me grita que no me rinda nunca. Que de las rendiciones nadie ha sacado sueños tranquilos.

No hago más que taponar heridas, rebuscar fuerzas en la flaqueza, vaciar cajones y estantes recabando hasta el último cable que mantenga este esqueleto en marcha, vacío y derrotado y con todos los diales en rojo. Y quiero seguir, debo seguir. Es lo único que puedo hacer.

Sigo perdido. Sigo en tierra desconocida, sin que nadie conozca mi estado ni paradero, consignando en la bitácora banalidades que presupongo cruciales para la historia que debimos escribir, y que no terminamos de escribir nunca. Vencido, rendido y aun así, empuñando la espada o el fusil, no importa el orden, una vez más para parar al mundo, para acallar la conciencia, para explicarme a mí mismo que, pese a hacerlo tan mal, todo tiene sentido y todo me lleva a ti.

No pienso rendirme, pero la traición es insoportable, la traición que cometí para contigo y la defección que me hice a mí mismo. Pienso, difícil de explicar, que fue esto último lo que desencadenó todo, el mayor error siempre es no amarse a sí mismo.

Sobra decirte, Valeria Castro